
Eustaquio fue a la disco, con sus amigos: Ayer domingo a eso de las 12:00 entró por las puertas de Fausto, una disco carente de un letrero con su nombre en el frontis, pero con una fama vigente en la idiosincracia gay. Eustaquio bebió unas cuantas cervezas en lata y un par de tragos, fumó cigarrillos baratos aunque no eran parte de sus hábitos y se encerró en el baño con un amigo a drogarse ambos con el cierre abajo. Bailó con las locas y rió sin temores. Habían muchachos jóvenes y otros no tanto que movían los pies al ritmo de chemical brothers, habían locas bien arregladas y otras no tanto que reían felices de ser ellas mismas. Y el ambiente yacía húmedo, cachondón, con hombres recios sin polera que rozaban a los espectadores suavemente. Todos bebían, todos reían. La pista de baile era una especie de cortejo llena de babuinos salvajes en trance por efecto del veneno de alguna hierba alucinógena, y en pleno estado de apareamiento, tan hostigados, tan manoseados, tan excitados que no disimulaban su busqueda instantánea. La música se tornó más rápida, y los machos más recios, se besaban en triángulos desesperados por satisfacer su frenesí, frotando los cuerpos sudorosos semidesnudos poniendo en calor a los señores espectadores que observaban atentos mientras bebían una cerveza con una mano y acariciaban el viril orgullo dentro del bolsillo con la otra .
Eustaquio bailaba sin polera, y mostraba su torso fresco, el sudor llegaba parcialmente hasta aquellos deliciosos pezones, grandes y definidos, puntiagudos y fornidos, los cuales daban claras luces de aquel fogoso estado de excitación que lo invadía, y que por cierto lo hizo ignorar a aquel viejo vomitante a su lado, pues no todos aguantan los trajines del estruendoso acontecer gay. Se mantuvo bailando, excitado, "they not gonna get us, they not gonna get us". Pero de pronto sus ojos idos chocaron abruptamente con los míos, y no más que un gesto kinésico bastó para que nos fuéramos al baño. Una vez dentro corroboramos nuestra excitación. "nuestra reputación nos precede" me dijo, y en aquella confusión ya no supe cuál era mi lengua, ni cuales eran sus pezones, ni cuál era mi verga, Pues aquel trance bajaba los sentidos a niveles incompatibles con la conciencia. Noté que ambos ya casi no cabíamos dentro de ese pequeño cuadrado encerrados, desparramados, sintiendo el sabor de sus pezones en mi paladar y sintiendo sus manos dentro de mis calzoncillos desguañangados, la excitación ya era demasiada para contenerla, y ya las locas golpeaban la puerta del casillero envidiosas de aquella maravilla, de poder palpar con sus manos mi verga y la de Eustaquio, pero no las dejamos, no las dejamos...
De pronto desperté de nuevo, y recordé que el tiempo es finito, y todo pasa muy rápido. No logré saber cuantas horas ya habían pasado, y no divisé a mi compañero ni a sus amigos en ningún lado, si ya se habían ido, si todavía estaban en el baño. Sin embargo salí del aquel antro en dirección a la calle y dí cuenta de mi mareo, triste de no haber encontrado a aquel ardiente camarada, hice esfuerzos de recordar cómo se llamaba(...) Buscando mi taxi, logré incorporarme y llegué una vez más a la realidad de mi departamento, dando cuenta que el glamour y la belleza estuvieron más presentes en mi cabeza. Cansado, bebido y frustrado me desvistí recordando su cuerpo y así la exitación volvió a mi cuerpo... Entonces, de cachondo, comencé a desvestirme para autocomplacer mis deseos de sexo inmediato, y fue así como dí con su nombre y además su número teléfonico anotado engorrosamente en un pequeño papelillo de marihuana en mis calzoncillos...
Eustaquio bailaba sin polera, y mostraba su torso fresco, el sudor llegaba parcialmente hasta aquellos deliciosos pezones, grandes y definidos, puntiagudos y fornidos, los cuales daban claras luces de aquel fogoso estado de excitación que lo invadía, y que por cierto lo hizo ignorar a aquel viejo vomitante a su lado, pues no todos aguantan los trajines del estruendoso acontecer gay. Se mantuvo bailando, excitado, "they not gonna get us, they not gonna get us". Pero de pronto sus ojos idos chocaron abruptamente con los míos, y no más que un gesto kinésico bastó para que nos fuéramos al baño. Una vez dentro corroboramos nuestra excitación. "nuestra reputación nos precede" me dijo, y en aquella confusión ya no supe cuál era mi lengua, ni cuales eran sus pezones, ni cuál era mi verga, Pues aquel trance bajaba los sentidos a niveles incompatibles con la conciencia. Noté que ambos ya casi no cabíamos dentro de ese pequeño cuadrado encerrados, desparramados, sintiendo el sabor de sus pezones en mi paladar y sintiendo sus manos dentro de mis calzoncillos desguañangados, la excitación ya era demasiada para contenerla, y ya las locas golpeaban la puerta del casillero envidiosas de aquella maravilla, de poder palpar con sus manos mi verga y la de Eustaquio, pero no las dejamos, no las dejamos...
De pronto desperté de nuevo, y recordé que el tiempo es finito, y todo pasa muy rápido. No logré saber cuantas horas ya habían pasado, y no divisé a mi compañero ni a sus amigos en ningún lado, si ya se habían ido, si todavía estaban en el baño. Sin embargo salí del aquel antro en dirección a la calle y dí cuenta de mi mareo, triste de no haber encontrado a aquel ardiente camarada, hice esfuerzos de recordar cómo se llamaba(...) Buscando mi taxi, logré incorporarme y llegué una vez más a la realidad de mi departamento, dando cuenta que el glamour y la belleza estuvieron más presentes en mi cabeza. Cansado, bebido y frustrado me desvistí recordando su cuerpo y así la exitación volvió a mi cuerpo... Entonces, de cachondo, comencé a desvestirme para autocomplacer mis deseos de sexo inmediato, y fue así como dí con su nombre y además su número teléfonico anotado engorrosamente en un pequeño papelillo de marihuana en mis calzoncillos...
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